La frecuencia de limpieza facial profunda varía dependiendo del tipo de piel. En una piel con tendencia grasa es bueno realizarla de forma semanal.

En otro tipo de pieles basta con una limpieza al mes pues su tipo de piel no exige atenciones tan rigurosas, aunque sí todas agradecen la rutinaria limpieza nocturna diaria.

La batalla de la limpieza facial profunda es recomendable en cutis con puntos negros y espinillas debidos a la acumulación de impurezas ambientales o a las producidas por el propio organismo.

Lavarse la cara parece la tarea menos complicada de la rutina de belleza. Los malos hábitos de limpieza pueden provocar problemas en la piel, como sequedad, irritación, exceso de grasa,…..

Los errores más comunes en la limpieza facial son:

1. No usar el limpiador correcto, este no debe ser demasiado fuerte para que no arrastre los aceites naturales y las células sanas de la piel, pero tampoco excesivamente suave ya que nos obligaría a limpiarnos varias veces, o frotar mucho y fuerte.

2. Limpiarse demasiado: es aconsejable hacerlo una o dos veces al día, hacerlo más puede irritar la piel, o como efecto rebote producir más grasa. Lo más recomendable, si hay contaminación ambiental, es hacerlo por la noche ya que la polución no perdona y conviene quitarla antes de meterte en la cama.

3. Temperatura inadecuada: ni agua fría, ni caliente, usa agua tibia para limpiar la piel de forma efectiva.

4. Exfoliar demasiado: exfoliarse la piel, de forma moderada, es saludable para eliminar las células muertas. Exfóliate, usando las manos y no guantes, como mucho dos o tres veces por semana. Si nuestra piel es sensible, hay que huir de la exfoliación de arrastre, y utiliza exfoliantes enzimáticos.

5. No aclarar bien con agua: puede llevar a la acumulación de residuos que cierran los poros y secan tu piel. Enjuaga bien la cara después de la limpieza.

6. Usar ingredientes irritantes: evitar los ingredientes que irriten la piel como fragancias, colorantes, conservantes sintéticos o jabones, que pueden provocarnos reacciones alérgicas.

7. Frotar demasiado con la toalla: hacerlo suavemente, sin frotar.  Frotar puede dar la sensación de que nos estamos limpiando bien, pero en realidad estás agrediendo la estructuralmente a nuestra piel.

8. Esperar demasiado para hidratar: aplicar la crema hidratante inmediatamente después de la limpieza, mientras la piel todavía esté húmeda. Si la piel está demasiado seca, será más difícil que los ingredientes activos actúen en la piel y puede que el efecto que provoquen sea el de piel grasa o pegajosa.

9. No descartes el aceite: todos las pieles pueden beneficiarse de la limpieza con aceite, incluso las pieles grasas y al acné. Un buen aceite limpia los poros de suciedad y bacterias y mantiene una piel sana y equilibrada. Extiende el aceite por el rostro y límpialo, profundamente para evitar que queden restos, con un paño suave remojado en agua tibia.

Para un acabado perfecto, después de la crema limpiadora pásate un agua micelar o el tónico. Verás que todavía quedan restos de suciedad.